UN DÍA EN LA REDACCIÓN DE EL TEPITAZO

Eran las siete de la mañana, Pepe Sosa se levanta de su cama, para responder el teléfono que suena y suena.

Pepe Sosa. hey…

El Reporñero. Qué pedo rey, tengo LA nota, fíjate que…

Pepe Sosa. Déjame dormir cabrón, no mames, son las siete de la mañana.

El Reporñero. ¿Y qué? La noticia no descansa papi, ahora escúchame y atentamente además, tengo la nota que va a llevar a El Tepitazo al pinche cielo.

Pepe Sosa. ¿Ah sí? A ver ¿de qué se trata?

El Reporñero. Fíjate que un carnalito acaba de salir del reclu, me dijo que sin pedos me da una entrevista y…

Pepe Sosa. Uy no mames, qué innovador, vas a romper todos los paradigmas del periodismo, felicidades, te ganaste un premio pinche ñero, ahí te lo voy a dejar en la taza del baño. (cuelga el teléfono y se va a tratar de dormir)

Como a las 7:07 en la casa de Juan Pérez, suena el teléfono.

Juan Pérez. ¿Diga?

El Reporñero. Qué tranza Juanito, qué pedo mijo ¿no te desperté?.

Juan Pérez. Buenos días señor Reporñero, para nada, ya estaba leyendo las noticias de hoy ¿Cómo le va?

El Reporñero. Bien, carnal, oye le hablé al puto de Pepe, me mandó a la chingada, le tengo un reportaje suave y mejor se fue a dormir.

Juan Pérez. Ya lo conoce, a él hay que hablarle después de las doce del día o se vuelve un poco desagradable, pero dígame ¿Le puedo ayudar en algo?

El Reporñero. Sí, mijo, de entrada te platico mi reporaje y me dices si te parece buena idea, luego si te late, me das un raite a donde voy a hacer el repormaje, pero eso más tarde, si llegamos ahorita nos van a correr a plomazos.

Juan Pérez. Le escucho.

El Reporñero. Pues haz de cuenta que un carnalito salió del reclu ayer, estuvo preso por pendejo, como todos, pero éste por más pendejo, porque no tuvo la culpa y está dispuesto a contarme todo el pedo, desde que lo detuvieron hasta que salió ayer, cómo le fue en la fajina, a qué sabe el rancho y todo el desbarajuste ¿Cómo ves juanito?

Juan Pérez. Eso ya se hizo antes, don Reporñero, pero lo escucho muy entusiasmado, qué le parece si nos vemos en la redacción a eso de la una de la tarde y le damos una repasada a la lista de preguntas, a ver si podemos indagar bien, hace usted su entrevista y vemos qué sale, de todas formas si Pepe no lo publica, no perdimos nada, el trabajo ya se hizo ¿Qué dice?

El Reporñero. Cámaras mijo, me late chocolate, ahí lo veo en la reda a la una, llego entre una y una con sesenta y un minutos.

Juan Pérez. Ahí estaré, hasta luego, amigo.

El Reporñero. Juega.

Al colgar, Juan se dio cuenta de que El Reporñero llegaría a las dos de la tarde, sonrió y siguió leyendo las noticias del día, ya había  terminado el desayuno y su lectura obligada, para estar bien informado de lo que pasa en el mundo, para eso, Juan no leía periódicos online, esos pendejos sacan todo con varios días de retraso, no, él leía las tendencias en twitter, 4chan y algún foro raro que sólo el conoce y le entiende, siempre menciona “la deep web“, a saber qué será eso.

Por su parte, Pepe, ya no pudo dormir luego de la llamada de El Reporñero, todo encabronado, bajó a la cocina, se sirvió leche y se fue a la computadora, a revisar las estadísticas de El Tepitazo, si había correos nuevos, las estadísticas de su sitio en Facebook y como siempre, no había nada extraordinario, así que se bañó con mucha calma, se vistió con la misma parsimonia y a eso de las 9:00 de la mañana, se fue para la redacción de El Tepitazo.

Pepe Sosa. Buenos días Juan; como siempre, desde tempranito.

Juan Pérez. Así es, amigo, vine a ver si puedo sacar casos de reos entrevistados, una estadística rápida para ayudarle a El Reporñero con sus preguntas.

Pepe Sosa. ¿Te cae de madre? Ese pendejo me habló en la madrugada para eso, yo lo mandé a la chingada, oye me lo presenta como LA noticia, que no mame, al rato me va a decir que si lo dejo hacer un reportaje de las torres gemelas o que va a presentar a Niurka, el nuevo talento de Juan Osorio.

Juan Pérez. Jajajá, lo escuché muy entusiasmado, así que le voy a ayudar con su lista de preguntas, nada más.

Pepe Sosa. ¿Seguro que nada más?

Juan Pérez. Bueno, le voy a dar un raite al lugar de la entrevista

Pepe Sosa. Ya la cagaste juanito, a ver si este cabrón no se quedó de ver con algún gandúl en una cantina de mala muerte y te abren de nuevo tu carro, sin contar que vas a terminar pagando las chelas de los dos cabrones.

Juan Pérez. Aquella vez fue un accidente, abrieron el carro porque dejé mi tablet en el asiento, a la vista, pero no vuelvo a cometer un error similar.

Pepe Sosa. ¿No te parece una mierda? Tener que andar escondiendo tus cosas porque algún puto ratero puede pasar y verlas, ahora resulta que es uno el que provoca a esos pobres e indefensos hijos de puta.

Juan Pérez. Lamentable, pero así es nuestro sistema de justicia, no podemos hacer nada, salvo cuidarnos solos y si llega el momento, confiar en las autoridades.

Pepe Sosa. Pinche Juan, eres la onda.

En eso se escucha un ruido en la entrada, una risa y la voz de El Reporñero.

El Reporñero. ¡Ah no mames! Juanito, pellízcame un huevo por favor ¿Estoy en el infierno o qué hace éste ojete aquí a éstas horas de la madrugada?

Pepe Sosa. Me despertaste, pendejo, ni modo que me quedara a escuchar cómo me crece el pelo.

El Reporñero. Lo siento, jefe, pero el deber es primero.

Pepe Sosa. Hablando de eso ¿Es neta que vas a ir a entrevistar a un compa que salió de la cárcel? ¿Ese es tu “reportaje chingón”?

El Reporñero. Sí papi, el carnal es inocente, confirmado por la ley y nos va a contar todo el pedo.

Pepe Sosa. A menos de que haya pasado setenta años en prisión, no me interesa, un chingo de güeyes que están en cana son inocentes, la neta no le veo lo relevante o lo innovador.

El Reporñero. Pues no setenta, pero cincuenta y ocho sí.

Pepe Sosa. ¡NO MAMES, CABRÓN! ¿ES NETA?

El Reporñero. No que no te interesaba, pinche indeciso.

Juan Pérez. Sugiero que don Reporñero nos cuente más detalles, creo que alguno importante, se le olvidó mencionar.

Pepe Sosa. Sí… vamos a la sala de juntas… ahí podemos hablar mejor.

Ya en la sala de juntas, Pepe les hizo un ofrecimiento, que no pudieron rechazar.

Pepe Sosa. ¿Qué pedo, una barbacoa o qué?

El Reporñero. ¿A qué sabe la torta de huevo, mijo? Yo pongo las chelas.

Juan Pérez. Excelente decisión, Pepe. Pero yo no quiero cerveza a éstas horas de la mañana, si gustan yo pongo unas cocas.

Pepe Sosa. De acuerdo, pero no ha llegado Mary, vamos nosotros y comemos ahí.

El Reporñero. ¡Chingao! ¡Ese es mi jefe!

Pepe Sosa. Cállate güey.

Se fueron caminando al mercado Morelos, llegaron por la entrada que está en Ferrocarril Interoceánico y se sentaron en la primer mesa que vieron libre, desayunaron barbacoa y consomé. Justo cuando estaban a punto de levantarse para regresar a la redacción, llegó un tipo con un policía y dijo “esos tres oficial, esos fueron los que me asaltaron“.

Policía. ¡Arriba las manos cabrones!

José Sosa. No mame ¿Ora qué?

El Reporñero. ¡Verga! (sale corriendo)

Juan Pérez. Creo que ha habido una equivocación, señor oficial, si me permitiera explicarle…

Policía. Cállese pinche gordo, al puto suelo o le meto un balazo. (pide refuerzos)

Pepe Sosa. (en el suelo) No mames Juan, ya valimos madre.

Juan Pérez. No Pepe, el que nada debe, nada teme.

Policía. A ver culeros, sus identificaciones.

José Sosa. Oiga, pero nosotros llevamos aquí como una hora desayunando, pregúntele al taquero.

Mesera. Sí oficial, los señores llegaron hace más de una hora y no parecían haber cometido ningún delito, venían platicando, bien tranquilos.

Policía. Cállese, pinche vieja ¿Quién le preguntó?

Taquero. ¡Órale, hijo de la chingada! ¡Tampoco así! ¡Pinche grosero, ya le dijeron que estos weyes no asaltaron a nadie, llevan un rato aquí tragando!

Policía. ¿Entonces por qué corrió el otro?

Taquero. Porque sabe que son culeros, pero no estaban haciendo nada más que comer.

Policía. A ver joven, véalos bien ¿Está seguro de que son estos?

Asaltado. Pues creo que sí… Es que…

Pepe Sosa. Uuuuu ya sacaste boleto compa, no sabes en el pedo que te metiste, no sabes ni con quien perdiste, te voy a demandar por difamación y por hacer que me caiga mal la barbacoa, pendejo.

Asaltado. Es que eran tres… y… Corrieron… pero…

Juan Pérez. Joven, honestamente ¿Cree usted que yo podría llegar muy lejos corriendo?

Policía. Tiene un punto ¿eh? Éste pinche gordito en la esquina se nos infarta y dices que vienen corriendo desde Congreso de la Unión, además ninguno de éstos parece haber corrido.

Taquero. Le digo que llevaban una hora aquí sentados.

Refuerzos del policía. Qué pedo pareja ¿son estos dos?

Policía. No, aguanta, creo que los diez-catorce no son plenamente reconocidos, puede que hasta ni sean diez-catorce.

Uno de los refuerzos. ¿Diez-nueve?

Policía. Sí, que el pendejo éste, se equivocó de cabrones, al parecer estos dos y el otro que salió corriendo, estaban aquí comiendo mientras éste era asaltado y ahorita anda buscando quien se la pague.

Refuerzo. ¿Los identifica plenamente y sin temor a equivocarse?

Asaltado. No, así no.

Refuerzo. ¿Ustedes tienen testigos de que estaban aquí desayunando cuando menos, hace veinticinco minutos?

Pepe Sosa. Claro, todas las meseras, la señora de las tortillas, el señor taquero, los de los licuados, el globero y dios, a dios tengo como testigo jajajá

Refuerzo. No se haga el chistoso, porque me lo llevo.

Pepe Sosa. ¿Y por qué me va a llevar? ¿Por chistoso? Pues me declaro culpable jajajá no mames

Juan Pérez. Permitame oficial, yo puedo aclarar todo, si usted me da la oportunidad.

Refuerzo. A ver, hable.

Juan Pérez. Resulta que estábamos poniéndonos de acuerdo para hacer una nota, porque somos escritores ¿Sabe? En eso, Pepe, que es nuestro jefe, nos ofreció barbacoa, para desayunar, porque al parecer va a ser un largo día en la redacción, mi compañero el Reporñero y yo, accedimos y…

Refuerzo. ¿Cuál compañero? ¿Es el ojete que corrió?

Juan Pérez. Sí señor, corrió por miedo, no por culpabilidad. Como le decía, vinimos a desayunar, llegamos aquí hace como una hora, justo estábamos preparándonos para pagar nuestro consumo, cuando éste señor, que seguramente por el susto y la adrenalina nos confundió, hizo esas falsas acusaciones, pero no digo que haya sido a propósito, estoy seguro de que es un buen ciudadano que sencillamente tuvo un error de juicio.

Refuerzo. … Mira pinche gordo, no me trates de marear, en corto, en concreto ¿Qué hacían aquí y cuánto tiempo tienen?

Pepe Sosa. Tragando, tenemos más de una hora.

Refuerzo. Suéltenlos, y usted ¿Quiere ir a la delegación a hacer su declaración?

Asaltado. Sí jefe.

José Sosa. ¿Y ya? Culeros, tú, pinche chamaco pendejo, fíjate porque si nos agarran llegando, nos meten toda la ñonga, idiota, con razón te robaron, apestas a pendejo.

Refuerzo. Ya estuvo, ya lléguele.

Pepe Sosa. ¿A donde? Mejor lléguele usted, que es el que vino a cagarla, yo estaba aquí desde hace rato sin molestar a nadie.

Refuerzo. (truena la boca) Ándele pues, pinche mugroso.

Juan Pérez. Qué tenga buen día, comandante. (voltea) Ya Pepe, párale.

Pepe Sosa. No mames juanito, por eso la pinche cárcel está llena de inocentes y pobres, por dejarnos de éstos culeros.

Juan Pérez. Sí, pero ya no tiene caso, oye hablando de inocentes y cárcel ¿el Reporñero?

Pepe Sosa. Sepa la chingada, vámonos a la redacción a ver si llegó allá, Mary ya debe de estar ahí.

Juan y Pepe se quedaron otros diez minutos ahí, reposando el susto como debe de ser. El taquero les ofreció una cerveza y hasta Juan la aceptó. Luego de terminar su cerveza, pagaron el consumo, se despidieron de todos agradeciéndoles el paro que les hicieron y tomaron rumbo hacia la redacción de El Tepitazo, a medio camino en la esquina que forman las calles de Hortelanos e Imprenta, les salió al paso un tipo encapuchado y… Pistola en mano.

Ratero. A ver putos; carteras, celulares, relojes y todo lo de valor o aquí se los carga el payaso.

Pepe Sosa. Justo lo que nos faltaba, vale madre.

Ratero. (Patea a Pepe) ¡Cámara puto! ¡Y bajen las manos, pendejos!

Pepe Sosa. (Intentando acercarse al ratero) No mames cabrón, me devuelves mis credenciales, es un pedo volver a sacarlas todas.

Otros dos rateros llegan por la espalda de Pepe y Juan, los abrazan como si los conocieran y siguen caminando por imprenta mientras que el de la pistola los basculea.

Pepe Sosa. Seguro estos tres culeros son los que asaltaron al pendejo que nos acusó.

Ratero dos. ¿Era un morro de sudadera verde y pantalón pegado, así medio putillo?

Pepe Sosa. ¡Ándale, ese mero!

Ratero dos. Jajajaja ¿A poco los acusó? ¿Y luego, qué pedo?

Pepe Sosa. Chispamos porque estábamos desayunando en el mercado y la banda del puesto nos hizo el paro.

En eso se escucha un grito.

Grito. ¡Órale cabrones! ¡No mamen, son mis compas!

Ratero se detiene y deja de basculear a nuestros héroes, levanta la vista.

Ratero. Qué pedo ñero ¿A poco los conoces?

El Reporñero. Sí cabrón, son banda, no mames.

Ratero dos y Ratero tres sueltan a Pepe y a Juan, respectivamente, Ratero 1 les devuelve sus cosas.

Pepe Sosa. Chido carnal ¿A poco no nos dan línea? El gordito no es de aquí, pero aquí se la vive, yo soy de Ferrocarril.

Ratero. No mijo, pero ya mejor cáiganle antes de que me arrepienta, yo de ésto vivo, es mi chamba.

Pepe Sosa. (en voz baja) No ps chingona chamba.

Juan Pérez. Claro que sí, hasta luego.

El Reporñero. Al ratito paso rey, chido por el paro.

Ratero. Seee see, ya rúmbele.

Los tres se siguieron caminando sobre Imprenta hasta llegar a Herreros, en donde dieron vuelta a la derecha para llegar a Ferrocarril de Cintura.

Pepe Sosa. Qué pedo ñero ¿De dónde saliste cabrón? Creímos que estabas en la redacción.

El Reporñero. No papi, cuando salí por patas fui a hablarle al Joseph ¿Te acuerdas de mi compa el abogado?

Pepe Sosa. Sí ¿Qué te dijo?

El Reporñero. Que venía para acá, que no había pedo, entonces no sabía qué hacer y me acerqué al mercado, a ver si los veía salir, vi el desmadre de patrullas y cagada, apunté todos los números, luego vi que se movieron pero sin detenidos y creí que los habían sacado por Molina o algo así, me fui para la entrada de Molina y ahí todo estaba tranquilo, ya mejor me iba para la redacción, cuando iba por hortelanos vi que los tenían ahí apañados y ya, nos vimos.

Pepe Sosa. Míralo pinche ñero, si nada más tienes la cara de pendejo, quién te viera.

El Reporñero. Deja le hablo al Joseph, para que ya no se mueva hasta acá, le diré que hoy, los policías sí hicieron su chamba.

Juan Pérez. Yo diría que la presión de los testigos fue más que el trabajo de los oficiales, pero el resultado es el mismo.

Pepe Sosa. Hey…

Llegaron a la redacción y ahí estaba Mary, la asistente, Mary es una señora grande, de dimensiones y de años, ha de tener unos cincuenta, más o menos, es muy trabajadora y el cargo de “asistente” no le hace honor, hace de todo, desde ir por la comida cuando los escritores están muy ocupados para salir, hasta trapear el suelo de las instalaciones, cosa que estaba haciendo en ese momento.

Mary. No vayan a ensuciar, mis muchachos, espérense a que seque.

Juan Pérez. Buenos días, doña Mary ¿Cómo está?

Pepe Sosa. Ya Mary, hágale caso al juanito ¿No ve que se derrite de amor por usted?

El Reporñero. Jajajajá le quiere surtir la tiendita doñita, no sea gacha.

Juan Pérez. ¡Pero qué les pasa! Par de groseros. No les haga caso doña Mary, usted sabe que yo la respeto y la quiero mucho, no le haga caso a estos majaderos.

Pepe y El ñero. Jajajajaja ¡Uuuuuuuuuuu! ¡Son novios!

Pepe Sosa. ¿Qué tiene, Juan? Ve a Mary, hasta roja se pone.

Juan Pérez. Mequetrefe…

Mary. Par de canijos, ya pásenle, ya se secó.

Juan Pérez. Muchas gracias doña Mary.

Pasaron a la redacción y se fueron directo hasta la  sala de juntas.

Pepe Sosa. A ver, ahora sí ñero, explícanos hasta el último detalle de éste caso.

El Reporñero. Pues eso, un compita que a penas ayer dejaron ir libre, que es inocente y me va a dejar entrevistarlo, me va a contar todo.

Pepe Sosa. ¿Ves como estás todo pendejo? Te pedí los detalles, cabrón, además ¿cómo puede ser tu “compita” si lleva más de cincuenta años en cana y tú no llegas ni a los treinta y cinco?.

El Reporñero. Lo conocí cuando caí preso, yo estuve siete meses en el Oriente, ahí nos hicimos compas, me cayó bien el ruco porque se le notaba lo inocente y siempre decía “pero alguien la tenía que pagar ¿No?” y me sacaba de pedo que no parecía estar enojado ni nada, más bien, parecía resignado, pero una vez que nos quisieron manchar, no mames, volaban putazos por todos lados, pinche viejo se transforma en hombre lobo cuando se rompe la madre, si vas a la entrevista, no vayas a empezar de mamón, porque si se encabrona te va a romper la madre y no creo que ni entre los tres lo podamos detener.

Pepe Sosa. No mames, ñero, es un ruco como de ochenta años ¿No? ¿qué chingados puede hacerte un viejo por más bueno pa’ los chingadazos que sea?

El Reporñero. Ingresó a los quince años, acuérdate que hace un chingo, las leyes no eran lo de ahora, hoy consienten mucho a los pinches chamacos delincuentes, antes no mijo, antes a los que cometían delitos graves, los trataban igual que a adultos.

Pepe Sosa. O sea que quince más cincuenta y ocho, tiene setenta y tres el don, lleva más vida adentro que afuera, qué poca madre.

El Reporñero. Y lo peor, mijo, salió y nadie que fuera a recibirlo, no tiene casa, no tenía trabajo, creo que no tiene familia, obviamente no se casó ni tuvo hijos; no carnal, le fue de la verdura en ésta pinche vida.

Pepe Sosa. No puedo ni imaginar lo que es vivir toda tu vida de pajas, vamos a invitarlo a un table, digo, ya ni se le ha de parar, pero cuando menos que disfrute de la compañía femenina, luego vemos si lo conectamos con alguien para que agarre chamba.

Juan Pérez. ¡Ay Pepe!

El Reporñero. Yo ya hice eso… Lo de la chamba güey, no lo del putero, en cana el ruco aprendió carpintería y por lo que sé, es la ñonga tallando madera.

Juan Pérez. Claro, tuvo tiempo para aprender uno de los oficios que más paciencia necesita.

El Reporñero. Gacho, mijo, ya lo conecté con Don Luis, el de la carpintería que está en Lecumberri, como ya es un señor grande sí le dio chance, además le conté poquito de su historia y como todo mundo, quiere ayudarlo.

Pepe Sosa. ¿Y para cuándo lo entrevistas? Quiero ir.

El Reporñero. Me dijo que el día que quisiera, ahorita está viviendo en una vecindad de La Merced, no le alcanzó para más.

Pepe Sosa. Chale, yo no me quiero ir a meter a una vecindad de la Merced, estás viendo que aquí, en mi barrio ya me andaban atracando, imagínate allá que nadie nos conoce. No, mejor lo invitamos a cenar a algún lugar chido, lo llevamos y lo traemos.

El Reporñero. Pues ya se armó la machaca ¿Para cuándo le digo?

Pepe Sosa. No, que él te diga cuando no le molestamos el horario y nos acomodamos. Juan, ve haciendo la lista de preguntas, incluye la historia previa, de qué lo acusaron (porque éste pendejo no dice nada) y cómo fue que luego de tantos años se dieron cuenta de que es inocente, eso es lo que quiero publicar, lo demás va por tu cuenta.

Juan Pérez. Entendido, hoy por la tarde ya les tengo una lista para ir añadiendo o descartando preguntas.

El Reporñero. No mamen cabrones, esto es un Repormaje, ya quieres convertirlo en encuentro cercano, no jodas Pepe.

Pepe Sosa. A ver, pinche chilletas ¿vas a hacer un repormaje sin entrevista? Pendejo, si acabas de decir que el Don te va a decir todo ¿Eso no es una entrevista?

El Reporñero. Pues sí pero la lista de Juan…

Pepe Sosa. Es una guía, marica, mira vamos a hacer una cosa, vamos los tres y si la historia da de sí, hacemos una serie, una colaboración entre los tres o como quieras decirle, pero el chiste es dar a conocer la historia de éste señor ¿Qué dices?

El Reporñero. Me late cacahuate, pero yo lo entrevisto solo, ustedes van de apoyo na’más.

Juan Pérez. Por mí, está bien.

Pepe Sosa. Eres una nena, ñerito. Me late, así le hacemos, ahora, voy a mi lugar a avanzar unos pendientes, las dejo señoritas.

Juan Pérez. Yo también me voy a mi lugar a hacer esa lista de preguntas.

El Reporñero. Yo ya me voy a mi casa a dormir un rato, se lo lavan.

Un día normal, como cualquier otro en la redacción de El Tepitazo, después de todo lo aquí expuesto, siguen una serie de cosas aburridas que a nadie le interesan, yo adelanté mis pendientes, Juan terminó antes de lo esperado la lista de preguntas, El Reporñero despertó por la tarde y fue a buscar a su amigo para concertar la entrevista, nos avisó para ir y la entrevista se llevó a cabo.

De ella salió una crónica, que describe el hecho por el cuál encarcelaron injustamente a éste señor, Juan quiso hacer un encuentro cercano, pero no lo dejamos, El Reporñero hizo un Repormaje/entrevista, apoyado con la lista de preguntas de Juan y como Juan no tuvo mucho qué hacer, se fue al cine con doña Mary.

También derivado de ésta entrada, le encargué a El Reporñero una entrada en la que hable de por qué estuvo siete meses en prisión. Si puedes, recomiéndanos, suscríbete al blog y al sito de Facebook para que no te pierdas nada de lo que aquí se publicará, prometo que no te arrepentirás.

Pepe Sosa.

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