UN MENSAJE AL BARRIO DE TEPITO Y SUS HABITANTES

La vida no es blanco y negro, los hombres no son buenos o malos, los barrios no están llenos de delincuentes o de finas personas y así es como hay que asimilar el mundo que nos rodea, sostenidos y bemoles, altos y bajos; porque de otra forma, limitaríamos nuestra visión a un código binario en el que es o no es.

¿Cuántas veces te has encontrado ante un dilema moral? ¿Cuántas veces has hecho lo malo porque es bueno? ¿Cuántas veces hiciste el bien, sabiendo que estaba mal? Esos son tres ejemplos de cómo es la vida, todo es relativo, excepto la muerte.

En El Tepitazo pretendo abordar una problemática que ataca a gran parte del territorio nacional, pero que por desgracia, se pronunció y cayó con todo su peso en éste glorioso barrio, la falta de cultura, educación y oportunidades, la visión limitada de los que piensan que ese mundo que perciben con sus sentidos, lo es todo, los que piensan que “el que no tranza no avanza” y terminan sus días en un charco de sangre, ahogados en terror y soledad, porque ese es el final de los más afortunados, hay otros que ven su fin entre rejas, rodeados por esos que antaño fueron sus cómplices o colegas en el difícil mundo de la uña.

Tepito es un lugar plagado de historias de vida, de vida difícil que como todas las otras vidas, terminan en muerte, pero no la muerte que te encuentra dulcemente acostado en la cama, no esa muerte piadosa que te sorprende cuando menos lo esperas y te fulmina de un ataque al corazón, son muertes mucho más agresivas, que he llegado a pensar, si no es una muerte especial la que viene por la gente de mi barrio, es una muerte que no perdona y te lleva hasta el límite de tu resistencia y justo antes de recibir ese último impacto de bala, hace que tu sangre deje de correr por las venas para salir por el boquete de la herida de muerte que te ganaste a pulso, y no es sino por ese proyectil disparado con saña hacia tu cuerpo, que no falleciste del puro susto.

Tepito, espero que algún día te recuperemos y vuelvas a ser ese pintoresco barrio lleno de boxeadores, ebanistas, carpinteros, hojalateros, vendedores de chacharas, personajes tan variados como la vida misma con todo y sus matices, que recuperemos al leal albur de tu lenguaje tan único que no dice nada cuando lo dice todo, que nuestras madres puedan caminar en paz por tus calles, sin miedo a que el hijo de la comadre la asalte y cuidado y no traiga dinero, porque ahí dejó la vida por descuidada.

Te extrañamos y queremos verte volver en todo tu esplendor, yo no soy religioso, pero sería capaz de ir a rezarle a San Francisco de Asís por ti, sigue siendo ese barrio protector que con tu pura aura, envuelves a tus hijos desperdigados de cierto misticismo, que también podría pasar por estigma, es nuestro trabajo recuperarte y tal como tú has hecho con nosotros, no te dejaremos solo.

Pepe Sosa.

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