REPORTAJE, ASÍ ES TEPITO – LA MAMÁ DE LOS ORGANILLEROS

Qué tranza mis carnales, se reporta aquí su mero valedor el Reporñero, trayéndoles desde las lejanas bahías de Fray Bartolomé un reportaje que los dejará con el oído endulzado y bien malitos de su nostalgia, porque quién más quién menos, hemos oído de la mano de nuestra jefecita o abuelo mientras caminábamos por alguna plaza o parque; los melodiosos tonos de un órgano y no se pase de la raya, póngame atención y póngase serio, estoy hablando del órgano musical, no del otro que causa todos nuestros problemas y sinsentidos.

Para empezar este reportaje, es de a fuerzas decirle que por más que no lo crea, en Tepito tenemos a una persona única en la ciudad; pero única en el buen sentido de la palabra, una señora que es capaz de reparar el pasado y darle vida para que tenga futuro, se siente bien bonito poder decir que la única persona en el triste defectuoso capaz de hacer eso, se encuentra en nuestro barrio, ay ay ay, pues sí mi rey, no exagero cuando asevero y cuidado con el ñero que si de reportajes de barrio se trata es el mero mero, hoy les vengo a presumir a doña Marcela Silvia Hernández y si es que esta señora tenía qué ser especial, lo lleva en el nombre.

El Taller

Siga usted por Fray Bartolomé de las Casas, cerquita del maracaná, cuide sus pertenencias pero más que otra cosa, sus ojos y su boca, dicho de otro modo: no diga mamadas, pregunte por doña Marecela la de los organilleros ahí entre los puestos y como preguntando se llega a Roma, que está más lejos, cuando llegue a la vecindad correcta, deténgase 30 segundos a contemplar el pasado, una vez alimentada el alma, suba las escaleras y diríjase al número 7, el de la rejita blanca con plantas en el techo… azul, porque de ese color es la fachada, una vez que se encuentre en ese punto, deberá usted de ver un pinche perrito de esos raza queso, “chihuahua” o algo así (no soy experto en perros) y esa será la señal de que se encuentra en el lugar correcto, así que con mucha educación, proceda a aporrear la puerta hasta que doña Marcela Silvia salga a atenderle.

¿Cómo es que terminó dedicándose a este oficio tan particular?

Eso fue lo primero que se me ocurrió preguntarle a la doñita, ella que es muy amable me contó que hace como 30 años murió su esposo, que era el que arreglaba los instrumentos y al verse en la necesidad, le tuvo que entrar al quite, el primerito en empezar con esto fue su suegro, hace tantos años que ya ni los cuenta, el señor Lázaro Gaona (papá de su difunto esposo) fue el que trajo el oficio a la familia y a decir de doña Marcela Silvia; al país. Pero la cosa no fue tan sencilla, ya que don Lázaro era medio rácano con sus conocimientos y nunca le enseñó, es más, le molestaba que lo vieran trabajar.

Así fue que doña Marcela, le atoró por la necesidad, y con lo poquito que alcanzó a ver y lo muchito que tiene de capacidad, empezó a reparar instrumentos tan viejos como los calzones de tu abuelo, para que me entiendas, andan rondando los 100 años o más, seguro que Don Lazarito la ve desde donde quiera que esté y sonríe.

En qué consiste reparar un organillo.

Aquí viene la parte del llegue, del filing, del talento, mis tepicuates, ya que cuando le pregunté a doña Silvia en qué consiste realmente su trabajo, me apantalló con la respuesta:

Cada organillo se compone de muchas piezas que tienen que engranar en perfecta armonía, algunos tienen hasta 8 melodías marcadas en sobre relieve en un rodillo de madera con latón en forma de alambre, ese rodillo es el que las hace de dedos en un piano, pa que me entienda.

Además de ese sistema, el organillo tiene en su exterior una manivela que al girarla infla y desinfla un fuelle que envía aire a todos los cilindros, que trabajando junto con el rodillo y su alambre de latón, gira y aprieta las teclas que liberan o no el aire de los cilindros, es hasta este punto que se empieza a escuchar el organillo, lo más cabrón de todo es que este instrumento se debe de afinar a oído, o sea que no cualquiera lo consigue, se debe de tener conocimiento y paciencia, este no es uno de esos oficios que entre más chingón eres, menos tiempo te tardas, para como yo  lo vi, mis tepicuates, en este oficio entre más chingón terminas el trabajo o no, así de fácil.

Para serle bien honesto mi tepicuate, le expliqué el proceso como mejor entendí, pero no quiero que este arte tan particular y fregón, se pierda en mis torpes explicaciones, por lo que le recomiendo mucho que vea este video que trae todo el detalle que yo no le pude y no le supe expresar:

Video propiedad de Canal Once

Por último doña Marcela nos cuenta que para ella lo difícil no es trabajar la madera de caoba que compone la caja y que su principal labor consiste en el mantenimiento diario a los organillos musicales que básicamente es asegurarse de que los organillos estén perfectamente alineados y completos, además de limpiar a trapo los cilindros.

la gente que usa estos instrumentos pasan diario por la casa/taller de Doña Silvia recogen los instrumentos por la mañana y regresan a dejarlos cuando han terminado de trabajar ya por la noche.

Piezas de repuesto.

Doña Marcela nos cuenta que si algo se rompe, ella se las tiene que ingeniar para arreglarlo porque ya no hay repuestos, excepto los silbatos que si se rompen, se acabó, esos ya no tienen reparación, los fabricantes de estos instrumentos ya no los hacen desde hace muchos años, por eso se cuidan tanto, son como piezas de museo ambulantes que desgraciadamente no reciben la atención que se merecen por la simple y sencilla razón de que forman parte de nuestro pasado más bonito.

Conclusión.

Doña Marcela Silvia está convencida de que este arte más que oficio, está llegando a su fin y no es por ella, ya que le pone todas las ganas y el empeño a su labor, sino por que parece que se cumple el ciclo de los organillos que poco a poco van cayendo en el desuso, así que mi querido Tepicuate, si ves un organillero ahí en alguna plaza popular, en alguna explanada por la que andes paseando un domingo (sabemos que lo haces, no te hagas güey) sáca un cambio y deposítalo para la causa, ayuda a que esto no muera o al menos a retrasar la hora, y si tienes hijos, haz un ejercicio y prgúntales qué les parece la melodía que sale de esa cajita, si este reportaje no te convenció, seguro que la respuesta de tu pequeño lo hará.

El Reporñero.

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