CRÓNICA, ME LLAMAN “LA SALADA”

En el barrio hay muchos personajes; está aquél el intocable, el de más allá, el que conoce a todo el mundo, la señora de las quesadillas, el peluquero, el tendero y así podría seguir la lista por horas, pero en nuestro barrio había una mujer muy especial, se llamaba Trinidad Romero Sánchez, pero todos le decíamos “La Salada”.

Así empezó la leyenda.

Trinidad vivía en la calle de Mecánicos, era una señora común y corriente, al menos hasta ese día, fue un 12 de Diciembre de 1998, cuando sin que nadie le preguntara nada, se acercó a “El Piti” un famoso ladrón que en aquél momento estaba rezando en el altar a la virgen de Guadalupe que se encuentra en la esquina, Trinidad solo dijo unas pocas, pero bien elegidas palabras:

Nadie te va a extrañar, no vas a volver.

El Piti volteó a ver quién pronunciaba aquello y se sorprendió de ver a Trinidad con una cara de ausente, ella enseguida se dio la media vuelta y regresó para su casa, “pinche vieja loca”, pensó el Piti.

Grande sería la sorpresa en la calle, cuando ese mismo día, horas más tarde, corría como reguero de pólvora la noticia de que el Piti, había caído abatido por un policía bancario, cuando intentaba asaltar a un cuentahabiente allá por la calzada de los Misterios, y en eso se hubiera quedado, de no haber sido porque el Piti le comentó a su hermana lo que Trinidad le había dicho cuando éste se encontraba en el altar, pidiéndole el favor a la Guadalupana.

El chisme, canal oficial de información en el barrio.

Más rápido que el rayo se esparció la noticia, Trini le había vaticinado el futuro al Piti con una exactitud abrumadora, nadie lo extraño y efectivamente nunca regresó, lo cuál fue raro, porque al analizar lo que sucedió aquel día, todo debería de haber salido bien para el ahora difunto.

Resulta que el cuentahabiente al que iban a asaltar ese día, no era elegido al azar, ya sabían cuánto dinero traía, en dónde lo tenía y la ruta que pensaba tomar para salir de el banco, un amigo de El Piti, le iba a pagar una camioneta a aquél cuentahabiente, en total, doscientos noventa mil pesos, que a su vez, el tipo iba a usar para pagar la salida de la cárcel de su primo, el cuentahabiente tomaría Misterios, daría la vuelta a la derecha en Excelsior, luego un pequeño tramo de Calzada de Guadalupe para seguir por Henrry Ford que tiene buena circulación y gran cantidad de potenciales testigos y llegando a Eduardo Molina, no se sabía la ruta, afortunadamente para ellos, en Henrry Ford, habían varios puntos en los que podían consumar su atraco, pero eligieron la esquina de Excelsior y Calzada  de Guadalupe para hacerlo, sabían que el dinero había sido entregado en una pequeña maleta color negro con dos franjas verdes al frente, que el tipo iría acompañado de su tío y que no estaban armados.

¿Qué podía salir mal? Tenían un plan bien trazado y un objetivo muy claro, el amigo de El Piti había dado pelos y señales de las víctimas, los superaban en número y en poder de fuego, todo estaba listo.

Al llegar el auto rojo a Excelsior, justo para dar vuelta en Calzada de Guadalupe, la camioneta de los ladrones les cerró el paso, del lado del pasajero se bajó El Piti y del lado del conductor uno de sus secuaces, un tipo gordo al que le decían “El Toño”, amagaron con sus pistolas a los ocupantes de ese auto rojo, el plan iba tal y como ellos lo habían predicho, hasta que de pronto se escuchó un grito; ¡Policía, bajen sus armas! El Piti sintió un escalofrío y volteó dispuesto a todo, el policía bancario que estaba desayunando en el puesto de tamales, reaccionó de inmediato, tres certeros tiros y un ladrón menos en la ciudad, el Toño quiso correr, pero el policía ya estaba baleando la camioneta, llantas y costado derecho, se acercó y le dijo “Tira el arma o disparo”, El Toño nada pudo hacer, el carro que les serviría de “muro” en el que se encontraban otros dos delincuentes, miró la escena desde su posición, cuando todo terminó, salieron de ahí como si nada, dejando a uno de sus compañeros detenido y a otro muerto, a penas arribaron al barrio, empezaron a contar a todo el mundo lo que había sucedido, según ellos, no salieron en auxilio de sus compañeros, porque el arma que tenían no funcionaba, solo servía de pantalla y lo único que hubieran conseguido era la suerte de uno o del otro.

La mamá de El Piti, fue a ver a Trini, a preguntarle cómo sabía que algo iba a salir mal. Trini simplemente respondió “yo sé cosas, yo veo cosas” y poco más. Eso fue como lanzarle gasolina a una fogata, la noticia de que Trini había vaticinado la muerte de el Piti se esparció más allá de la Cancelaria de los Patos, llegando a oídos de gente que, al igual que El Piti y el Toño, se jugaba la vida a diario.

La consulta.

No pasaron ni dos semanas cuando ya el Piti no existía más que en la memoria de sus familiares, otro conocido bandido del barrio el “Betito”, se atrevió a acercarse a Trini:

-Señito, hoy voy a ir por un cambio fuerte ¿Cree usted que me la vaya a traer?

-No hijo, de los ocho que lo van a intentar, vas a morir tú y el de cabello güero, van a detener a los dos más jóvenes, los otros cuatro, van a decir que no se la trajeron, pero el de la playera rayada trae la lana, la va a repartir y luego uno de pantalón oscuro y tenis blancos, va a traicionarlos a todos.

La información fue dada con tal nivel de detalle, que Betito dudó de ir o no aquella noche a la bodega de teléfonos celulares que pensaban asaltar, se convenció de ir cuando al llegar al punto de encuentro, no vio a nadie con el “cabello güero”, tal y como el Piti había hecho, pensó; “pinche vieja loca”.

La noticia salió a la mañana siguiente, dos muertos y dos detenidos, era el saldo de un atraco frustrado en la bodega de celulares ubicada en la zona industrial de la ciudad, más precisamente en la calle de Talismán, se presumía que algunos maleantes habían huido en un taxi modelo Tsuru con placas del Distrito Federal, aunque no consiguieron robar nada del interior de la bodega, que estaba custodiada por cuatro elementos, dos de ellos armados.

Lo que sucedió es que la banda de ocho asaltantes, entre los que iba el Betito, llegó a las instalaciones, sabiendo que aproximadamente a las nueve de la noche, saldría el personal de limpieza entre los que se encontraba una tía de “Ramón” uno de los detenidos, eso les daría la oportunidad de entrar, tomar el control de la puerta y adentro con toda la calma del mundo, abrir la caja fuerte en la que había de acuerdo a sus cálculos, más de tres millones de pesos en efectivo.

Apenas abrir la puerta, dos maleantes entraron y amagaron al custodio (que no iba armado), metieron a las 5 personas en un pequeño cuarto que se usa como lockers y que está justo entrando ala bodega y ahí los dejaron al cuidado de uno de ellos, más al fondo de la bodega, en un tapanco, se encontraba la oficina del gerente del negocio, solo (o eso creían) ahí estaba la caja fuerte, mientras dos malhechores permanecían en el taxi, afuera de la bodega, uno cuidaba la entrada principal, otro cuidaba la puerta de los lockers en los que tenían encerradas a las cuatro señoras de la limpieza más el custodio de la puerta, dos más fueron a la entrada de carga que era en donde se encontraba el otro custodio y dos fueron por la caja fuerte, bastaba uno para amagar al gerente y que les abriera la caja, el dinero era seguro, ya estaban adentro y sin alertar a nadie, el plan perfecto.

Ellos no contaban con que al querer ingresar a la oficina del gerente, serían recibidos a balazos ¿Qué salió mal? El gerente no estaba armado o esa información tenían. Efectivamente, no. Eran los dos custodios que habían entrado a trabajar ese mismo día, dos perros de caza que contaban con permiso para portar armas y que justo en ese momento, estaban recibiendo instrucciones del gerente, el Betito recibió un impacto en el pecho, cayó por la escalera que daba acceso al tapanco y lo último que alcanzó a ver, fue a su compañero que iba delante, caer de un impacto en el rostro, el impacto fue tal, que le voló la gorra de la cabeza, dejando ver el cabello teñido de rubio.

Al escuchar tiros, el que cuidaba la puerta principal y el que cuidaba los lockers se acercaron a tratar de ayudar, los dos custodios ya habían bajado y estaban en medio de un fuego cruzado, por un lado los que cuidaban las entradas, por el otro los que ya habían amagado al custodio de la puerta de carga, la desventaja de ser un ladrón por vocación, es que rara vez tienes una formación seria, tienes el convencimiento de que tirar balazos al bulto es efectivo y que las balas son eternas, los dos custodios se dieron cuenta de eso enseguida, uno de los rufianes había subido al tapanco, el gerente le había entregado dos millones de pesos en efectivo y ya iba de bajada, justo cuando se le terminaron las balas al que hacía de muro rumbo a la puerta principal, el tipo de playera de rayas rojas con blanco, bajó corriendo las escaleras y le gritó a su compañero “¡Vámonos cabrón, vámonos!” ambos corrieron hacia la salida y vieron que ya no había gente encerrada en el cuarto de lockers, habían escapado todos.

Al salir, se encontraron a los otros dos en el taxi ya en marcha, subieron y salieron de ahí, con rumbo desconocido.

Uno de los escapados, detuvo a unos patrulleros en la calle de Congreso de la Unión, que enseguida solicitaron apoyo y se dirigieron al lugar, ya que quedaba a escasa media cuadra, entre los policías y los dos custodios armados, sometieron a los dos ladrones que quedaban, le preguntaron al gerente qué le habían robado y éste dijo que nada, resulta que los celulares no eran el único negocio de esa bodega, dos millones perdidos y así es la guerra.

Los cuatro hampones que lograron darse a la fuga, hicieron un acuerdo, no nos trajimos nada, porque si se sabe en el barrio, vamos a tener que aflojar cuando menos la mitad del botín para sacar a esos dos cabrones de cana y para el velorio de los otros dos cabrones, mejor nos repartimos aquí el billete y cada quien para su casa. Entre hampones no hay honor.

Con lo que no contaban los otros tres, era que Cristian, un ladrón de poca monta que nunca en su vida había visto tanto dinero junto, se le ocurriera comprar un auto de lujo, usado, pero de lujo, pagó al contado y como se dice en el barrio “se le notaba la feria”, rápidamente detuvieron al don nadie que de la noche a la mañana viajaba en un auto alemán, vestía ropa cara y gastaba como si no hubiera mañana, cuando lo detuvieron, llevaba un pantalón Hugo Boss, negro y unos tenis Jordan blancos, un detalle que no se le escapó al ministerio público “no mames, pinche naco” le dijo.

Cristian soltó toda la sopa, en cosa de dos semanas detuvieron a los tres restantes y luego fueron por el gerente de la bodega, es muy raro que te roben dos millones de pesos y quieras recuperarlos, qué pasó con esa gente, no lo sé, solo sé que poco tiempo después de lo que sucedió, pasé por ahí y la bodega ya estaba en renta.

Así fue como otro vaticinio de Trini, se cumplía, palabra por palabra, indiferente al momento y a las circunstancias.

El Betito, al igual que el Piti, antes de partir de éste mundo, dejó constancia de lo que Trini le había vaticinado, ésta vez a su esposa, que como no podía ser de otra forma, se encargó de contarle todo a medio mundo en el velorio. Como su marido no era precisamente un santo, no se podía esperar menos de las finísimas personas que lo acompañaron en el velatorio, la paranoia era alarmante, nadie quería salir a “chambear” sin haber consultado con Trini.

La Salada.

Trini empezó a consultar a la gente, que a su vez empezó a hacerle caso, nunca vaticinaba victorias para la maña, si le preguntabas que cómo te iba a ir y ella te auguraba detención o muerte, siempre sucedía, habían al menos diez ejemplos de gente que fue, consultó, le dijeron que se iba a morir, a quedar lisiado o a caer preso, no hicieron caso y les había caído la verdad de las palabras de Trini, una tras otra.

Había otro fenómeno curioso, hubo quien nunca quiso consultar a Trini y se lanzaba “al atraque” sin miedo, por lo regular se la traían y no les pasaba nada, eso rodeó de una leyenda negra a la Trini, por eso empezaron a llamarle “La Salada”, porque nunca le auguró nada bueno a nadie, puras cosas malas, todas se cumplían y el que no le preguntaba, tenía posibilidades.

Antes de ella morir, fui con la Salada y le pregunté que cómo me iba a ir de futbolista, ella respondió:

Hijo, mejor dedícate a escribir, de futbolista vas a recibir un golpe en la cabeza, de parte de un rival desleal, tu cráneo se va a fracturar y morirás de un derrame cerebral, le mandas saludos a toda la banda de El Tepitazo.

Hasta el año pasado, yo no sabía de qué me hablaba, pero como había sido siempre tan precisa, me retiré de las canchas y me puse a leer, y aquí sigo, varios años después.

La Salada murió en el año de 2009, cuando un morro, al que le había advertido que no asaltara a aquél transeúnte, perdió en la jugada a su novio, que para todos era su “amigo” su carnal, su valecito. Pero que con el pretexto de la mona, se daban sus besotes y algo más, abajo de las escaleras o en donde hubiera un rincón disponible, lo que Trini, la Salada le dijo, fue:

Tu novio va a morir atropellado, tú lo quieres mucho y te va a doler, vas a venir a dispararme dos tiros, aunque sabes que yo no tengo la culpa, luego de eso tu mamá te va a aceptar y vas a salir de la cárcel cuando tengas treinta y seis años, pondrás una estética al lado de la entrada de mi casa y nunca te perdonarás haber matado a la única persona que te dijo la verdad.

Richard

Nunca se supo si Trini había tenido esas facultades desde niña o por qué aquél día decidió por fin hablar, ella jamás recibió un centavo por sus consultas, como es bien sabido, la tranza cree que todo lo arregla con dinero y empezaron a llevarle billetes, a lo que ella respondía “quédatelo tú, te va a hacer falta”, sin equivocarse jamás.

Antes de morir, fue dejándole sus cosas a los vecinos que ella consideraba (o sabía) que más los necesitaban, sin lugar a dudas un gran personaje del que tenía que escribir, en la próxima entrada, hablaré de otro entrañable personaje del barrio, Dianita, a la que le mando un fuerte abrazo, allá donde esté.

Pepe Sosa.

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