CRÓNICA, DE AMOR ETERNO Y OTROS DETALLES

Te vi, estabas sentada en una banca del parque, llevabas en las manos un pequeño monedero azul con el broche dorado, tenías puesto un vestido blanco con flores de colores en la parte inferior, esos zapatos rojos que tan bien te quedan y en la cabeza lucías una diadema que mantenía tu cabello atrás, dejando ver tu rostro de niña.

Yo era solo un poco más grande que tú, así que llamaste mi atención de inmediato, justo ese día, había muerto mi perro “Oso” y yo estaba muy triste, no me da pena decir que por un momento lo olvidé, cuando te vi. Sé que Oso lo comprenderá.

Me acerqué y te pregunté tu nombre, sin decir nada, te levantaste y te fuiste. Sentí el impulso de ir detrás de ti, pero no lo creí prudente y por primera vez en mi vida, frené mis impulsos.

Yo iba diario a ese parque, con la esperanza de volverte a ver, hoy, ya han pasado dos años, se cumplen justamente setecientos treinta días y no te he vuelto a ver, no te conozco pero algo me dice que somos el uno para el otro, algo en el fondo de mi ser, me dice que nacimos para estar juntos.

Cuando te vea, será maravilloso, porque te preguntaré ¿Volviste por mí?

Tu responderás “Sí” y con tu sonrisa iluminarás mi mundo.

Yo te diré “Te estuve esperando mucho tiempo, días enteros aquí sentado” y señalaré la banca en la que te vi por primera vez.

Tú me dirás; “No era el momento correcto.” Y me tomarás de la mano.

Yo tomaré tu mano y sentiré una descarga eléctrica recorriendo todo mi cuerpo, alegría y bienestar, por fin estamos juntos. Caminarémos por el parque, en silencio, con una mirada lo diré todo, tú sonreirás en una clara señal de que lo has entendido.

Si el valor no me abandona, te diré “Te quiero”.

Tú vibrarás de emoción y responderás, “siempre”, yo también diré; “siempre”.

Tu sonrisa me hipnotizará ¿Cómo es que he podido vivir tanto tiempo si ella? pensaré.

Hablaremos largo rato, de la vida, del futuro, de las flores, de los olores y de los colores. También de lo que es imposible.

yo me voy a poner triste, ya llegaron por mí.

Veo tu cara de angustia, “no me dejes” me dirás.

“Tengo que irme, pero prometo volver mañana” te diré, “como todos los días, por siempre, hasta el fin.”

Vas a sonreírme tímidamente, la noche ya estará cayendo sobre nosotros, te vas a ir a sentar a la misma banca, nuestra banca, noto que brillas, iluminas todo a tu al rededor, alguien me ha tomado del brazo y me hace caminar.

Le pido que pare, me quiero quedar contigo, responde “no hay nadie en esa banca, hijo, vámonos por favor”. Veo que está llorando y me siento mal, camino para que deje de llorar, pienso “Hasta mañana, amor mío” y no sé cómo, respondes “hasta mañana, mi amor.”

Al otro día estoy ahí; en la banca, esperándote paciente, la gente me mira de reojo, nadie se acerca porque tienen miedo, dicen que yo maté a una niña, en ésta misma banca, cuando era a penas un muchacho. No es verdad, yo solo estoy aquí esperando por ti, en realidad no recuerdo mucho de nada, solo te recuerdo a ti, como siempre, hermosa. Tu sonrisa y que olías a fresas, tu cabello negro como la noche, brillante y largo hasta la cintura, tu sangre caliente y tu piel pálida. Y yo, que te hablé cuando no era el momento indicado.

Nota del redactor.

Historia extraída del diario de un esquizofrénico, acusado del homicidio de una niña de catorce años, cuando él contaba con a penas dieciséis, luego sería puesto en libertad tras once años de haber sucedido el hecho por considerarlo la ley “irresponsable de sus acciones”, se encontró el resto de su vida siendo observado por sus familiares, jamás volvió a mostrar un comportamiento violento, dice la gente que a veces camina por el parque como tomado de la mano de alguien, se le nota feliz y sonriente e irónicamente, es cuando da más miedo. La familia nunca quiso confirmar esos rumores, sencillamente decían “no muestra evidencias de querer hacer daño a nadie, ni a sí mismo”. Falleció a la edad de cincuentra y dos años, víctima de un mal congénito desconocido, el médico que lo atendió en sus últimos momentos, contó que sus últimas palabras fueron “Nos vamos, mi amor”, las pronunció tras treinta y seis años de silencio sepulcral.

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